Las que hubieran sido las fallas Municipal, Cuba y Na Jordana 2020, fueron incineradas en la soledad de sus plazas a manos de los bomberos.

Después de una tarde plagada de mensajes que avisaban del secreto a voces, se daba paso poco antes de la media noche al operativo dispuesto para rubricar los peores augurios, la quema a puerta cerrada de la que iba a ser la falla municipal 2020..

La exigencia del indulto
A media tarde conocíamos a través de las redes sociales de Junta Central Fallera, el indulto de la cabeza de la meditadora. Un gesto, el de salvar del fuego el rostro del remate de la falla, que se anunciaba tras el acuerdo entre los artistas y el presidente del organismo.
Una decisión ratificada por José Ramón Espuig, y que según declaraciones a Actualidad Fallera corresponde a la voluntad de los artistas tras escuchar la petición popular que ha resonado mediante redes sociales y plataformas como Change.org. Una plataforma donde se solicitaba realmente que se mantuviera la falla municipal en su integridad en la plaza y literalmente “no ser quemada como lo quiere hacer el ayuntamiento ahora sin público antes del día 19 de marzo”. Una petición que había reunido más de 4.500 firmas y que el propio Escif proponía desde sus redes.

Como decíamos anteriormente, un secreto a voces, que ya que venía precedido del malestar de diversos artistas que no entendían como cuando a ellos se les pedía primero no tocar nada de las plazas desde el Gremio, y posteriormente ‘desplantar’ las fallas y guardarlas en los espacios dispuestos por el Ayuntamiento y la Generalitat Valenciana, todo hacía indicar que el rostro de la “meditadora” iba a ser alzado para que fuera quemado con el resto de la pieza plantada porque esta no se desmontaría.

Un secreto por streaming
Con estos antecedentes y las indiscreciones en las redes junto a las cámaras situadas en la plaza, se nos fueron relatando como llegaban los equipos a la plaza y se iniciaban las labores previas. Una plaza ocupada en principio, únicamente por los servicios necesarios, los artistas José Ramón Espuig, Manolo Martí, el diseñador Escif, el presidente de JCF y los integrantes de la concejalía más cercanos. Ante el secreto televisado, los falleros pudieron ver como los bomberos tomaron el protagonismo. Primero diversas perforaciones, introducción de lo que parecía ser líquido inflamable en su interior, y un lanzallamas. En poco más de quince minutos, el cuerpo susceptible de ser quemado de la meditadora, era consumido entre las llamas de un fuego con nula presencia de simbolismo fallero.

No hubo falleras ni falleros, público, tracas, pirotecnia, o música alguna más allá de la de un romántico desde un balcón. Tampoco hubo una recogida de cenizas al uso, más bien el pesado trabajo de los operarios que alcanzaría las cuatro de la madrugada, limpiando el suelo y recogiendo la estructura férrea que envolvía el motor y los brazos que iban a dar rotación a la meditadora. Más de 12 toneladas de hormigón distribuidos en ocho contrapesos de 1.500 kilos cada uno, que servían para falcar el citado armazón.

Cuba y Na Jordana corrieron igual suerte
Al margen del vandálico incidente protagonizado en la falla del Regne, quedaban todavía ocupadas las plazas de Cuba-Literato Azorín y Na Jordana. Simultáneamente a lo que sucedía en el Ayuntamiento, ambas plazas corrieron igual suerte que la primera plaza de la ciudad, y sendos equipos de bomberos habilitaban el espacio de la forma menos fallera posible.

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