El hemiciclo del Ayuntamiento de Valencia volvió a ser el centro del mundo fallero con la proclamación de Beatriz Blanco Tamarit y Julia Vizcayno Orero como Falleras Mayores de Valencia del año 2027.
La víspera, la tradicional llamada había convertido en realidad el sueño de Beatriz, de la comisión Castellón-Segorbe, y Julia, de Rosario-Plaza de Calabuig, primera fallera del sector Canyamelar-Grau-Nazaret que alcanza el cargo de Fallera Mayor Infantil de Valencia. El miércoles 14 de octubre llegaba el momento de los honores y el protocolo en la casa consistorial, con el mundo de la fiesta como notario.
Asistieron autoridades municipales, la directiva de Junta Central Fallera y representaciones de las fiestas hermanas de Alicante, representadas por las Belleas del Foc 2026, María Pastor y Leire Arellano, y Castellón, con las Reinas de las Fiestas de la Magdalena 2027, María Collados y Nayra Luque. Cómo no, estuvieron en lugar privilegiado las Falleras Mayores de Valencia 2026, Carmen Prades y Marta Mercader, con sus Cortes de Honor.
Beatriz y Julia ascendieron la escalinata principal del Ayuntamiento, donde las recibió la alcaldesa, María José Catalá, quien más tarde pronunciaría la fórmula tradicional con la que las máximas representantes de la fiesta entran en el hemiciclo. Allí el público subrayó su proclamación con una ovación.
Beatriz Blanco abrió su primer discurso como Fallera Mayor de Valencia hablando de esos sueños. Dijo que nacen en la infancia y que, con los años, «aprendemos a guardar en un rinconcito del corazón», hasta que llega su momento. «Anoche ese momento llegó», resumió.
Para Beatriz, las Fallas «siempre han sido mucho más que una fiesta. Han sido casa, familia, amistad y tradición». Las describió como arte, pólvora, música, flores, versos y seda, «pero sobre todo han sido personas».
Todo empezó en su falla. Allí aprendió, dijo, que «ser fallera no es solo lucir un traje», sino «compartir, trabajar, ayudar, reír, emocionarse y estar siempre al lado de los tuyos». Extendió el agradecimiento a su sector, Russafa B, a la Federación de Fallas Centre y a lo que llamó su casa grande, la de todos los falleros y falleras.
Tuvo palabras especiales para Julia y a las doce integrantes de su propia Corte de Honor les dijo: «Seréis mi apoyo, mi fuerza y mi hogar».
Para el año que empieza se marcó un propósito: conocer cada taller y cada comisión y escuchar cada historia. Lo justificó con una idea: «Las cosas que se hacen con el corazón pueden no ser perfectas, pero son las que traspasan y perduran».
Definió la ciudad que representa como «una Valencia orgullosa de sus raíces, pero con la mirada puesta en el futuro». Recordó además el décimo aniversario del reconocimiento de las Fallas como Patrimonio de la Humanidad. Y cerró con otra imagen sobre los sueños: «Hay sueños que duran un instante y otros que, cuando se cumplen, te cambian la vida para siempre».
Julia Vizcayno empezó confesando que aún le costaba creer que estuviera allí. Siempre había admirado a las Falleras Mayores Infantiles de Valencia, y las miraba pensando que sentían algo muy especial. «Ahora sé que sí», dijo.
La niña repasó sus primeros recuerdos falleros: sus primeros trajes de valenciana, la música por las calles, las mascletaes «que hacen temblar el corazón». Y, sobre todo, las noches viendo plantar la falleta «en mi Canyamelar». Resumió todo en una palabra: para ella, Valencia es «casa». Y dejó una de las frases de la tarde: «Las Fallas son una manera de querer a Valencia».
Julia agradeció la confianza de las siete personas del jurado, prometió representar a Valencia «con alegría, con orgullo y con mucho amor», y a su Corte de Honor le anunció que «empieza una amistad muy especial».
Dio las gracias a su falla y a su familia, que le enseñó que ser fallera «no es solo ponerse un vestido bonito», sino querer una fiesta, a las personas y a Valencia. Y se despidió con una promesa: vivir este año «con los ojos bien abiertos, la sonrisa siempre preparada y el corazón lleno de ilusión».
Por su parte, la alcaldesa dedicó parte de su intervención al año de reinado de Carmen Prades, Marta Mercader y sus Cortes de Honor. A Beatriz le recordó que lo más importante es reinar con el corazón, porque «ser Fallera Mayor de Valencia es ser el corazón de toda una ciudad». Después se dirigió a las nuevas Falleras Mayores y sus Cortes con dos mensajes: el honor de ser las máximas representantes de la fiesta y la responsabilidad que supone el cargo.
Catalá pidió también a los valencianos que cuiden de sus representantes: «Cuidemos siempre de nuestras máximas embajadoras. Hacerlo es un gesto de respeto por esta ciudad y por esta tierra», que definió como tierra de esperanza y de ilusión, de fuego y de mar, de pólvora, de orgullo, de arte y de humanidad. Y concluyó: «Las Fallas vertebran y construyen. Es la gran suerte de Valencia».
La alcaldesa recordó que el próximo 30 de noviembre se cumplirán diez años del reconocimiento de las Fallas por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Diez años, dijo, «que nos recuerdan que aquello que sentimos como propio también es admirado y reconocido en todo el mundo».
Por último, reivindicó a todos los que hacen posible la fiesta: artistas falleros, pirotécnicos, orfebres, indumentaristas, músicos y floristas. «Cuidarlos a ellos es cuidar de nuestra identidad. Y esto nos hace mejores como ciudad y como pueblo», afirmó.
Con la interpretación de los himnos de la Comunitat Valenciana y de España, el acto se trasladó al Salón de Cristal. Allí las nuevas Falleras Mayores recibieron el clásico alfabeguer como recuerdo de su proclamación. La tarde concluyó con las primeras fotos de familia del ejercicio, con Beatriz, Julia y sus Cortes de Honor.

